O , porque vinieron a evangelizar a los que ya vivian el evangelio?

Para muchos como para mi la información que publico en este post es impresionante, incluso para otros chocante, pero no por menos verificable, cuando la  historia  se cuenta parcial; destacando solo lo que los que la controlan desean que se quede en el inconsiente colectivo,no “sirve para nada” . Es esta una historia no leída por el grueso de una población que esta en busca de una identidad de grupo, mas allá de nacionalismos baratos. Vivimos en una sociedad que no vincula a sus integrantes, antes los separa y polariza y los aísla de su derecho natural a saber en verdad que es lo que significa para su presente ,  el pasado omitido, por las instituciones que se presuponen funcionan en beneficio común, y que no son mas que una mascarada dramática de manipuleo mediático, legaloide, de aparente justicia, mas bien fascista , por anteponer los valores nacionales como premisa de sus acciones en pro de conseguir solucionar los problemas creados por la falta de seguridad (realidad creada a partir del mismo estado, para generar angustia, gente poniendo rejas por todo su entorno co-creando esa atmósfera de un país a merced de la delincuencia organizada), las cifras y estadísticas los apoyan, pero estas se han generado desde el mismo estado fallido que solo busca el total control social, al pretender crear , la policía nacional, eliminando  el principio de Municipio Libre, al igual que el concepto de Estados Libres Y soberanos, con toda la teatralidad de un estado democrático-mediático intentando defenderse del fanatismo(y me refiero solo a la cúpula  jerárquica, de ningún modo a la grey) de una poderosa secta católica, aun encumbrada y que solo sirve de comparsa para llevar a cabo legislaciones que encaminen el modo de pensar de millones ovejas que esperan la orden de su pastor, para pacer, moverse a la izquierda o a la derecha u ofrecer la espalda, la total indiferencia ante el artificial tercer tipo de ovejas que la modernidad y el avance científico y social están creando : las ovejas que se pueden matrimoniar pero que no pueden parir , que pueden crear patrimonio pero que no pueden ceder o testar a su par por leyes menores o reglamentos infestados de términos de genero . Cabe aquí poner en claro que no son las personas etiquetadas como homosexuales a las que enfilo esta perorata, ellos merecen todo mi respeto al igual que todos los que integramos esta sociedad , en cuanto a que somos , llana y naturalmente iguales (la inclinación , preferencia  sexual es solo ínfima diferencia entre nosotros) y que son ellos precisamente lo que menos  importa a los auspiciadores, de este fandango legislativo y que solo están siendo utilizados como falsa bandera, pues lo que persigue el sistema es crear todo un clima de artificialidad que se refleje en todo los ámbitos( Los medicamentos sintéticos, alimentos transgenicos, cultura artificial, materiales sintéticos, gracias en mucho a una cultura del petroleo que nos ata a lo artificial) en suma alejarnos de una vez y para siempre de Lo Natural que es de donde provenimos. Acepto que todo esto es rebatible, pero un retorno a lo sagrado se hace ya justo y  necesario. El equilibrio Natural nos llama a despertar y encontrar nuestra herencia y divino destino, como tan atinadamente expresa  el artista Victor  Brossa en su magistral “El despertar de los Maestros Creadores”.

Así que lo que sigue es el  plato fuerte, una lectura donde la realidad se junta con lo mitológico, lo fantástico con lo posible , lo ficticio con hoy :pero verdad y realidad ayer. Presento a Fray Servando Teresa de Mier, constituyente, forajido de la ley, preso de la inquisición, teólogo sin derecho a ejercer, pero mas que nada Mecicano que no se apoca ante décadas de inmovilizacion y que se defiende como debe defenderse un habitante ” del ombligo de la luna” de un ciudadano de MecicoTenochtitlan, con la razón de ser recto no por su investidura clerical, sino y precisamente por pertenecer a la mágica raza que habita en el Anahuac…

Portrait of Fr. Servando Teresa de Mier. Mexic...

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1821
Servando Teresa de Mier
Al volver del otro mundo, que casi tanto vale salir de los calabozos de la Inquisición, donde por así conviene me tuvo archivado tres años el gobierno, me hallé con una gran variación en la ortografía y excluida la x del número de las letras fuertes, por más que la reclamase el origen de las palabras. Como la Academia Española había encargado que no se desatendiese éste enteramente, aunque se procurase conformar la ortografía a la pronunciación; y por otra parte no sólo veía incompleto el sistema de reforma, sino que en unos impresos la j era ya la única letra gutural, en otros alternaba la g con las vocales e i, creí que toda esta novedad vendría de los impresores. Hallándose cargados de obra con la libertad de la imprenta, y no sabiendo distinguir el origen de las palabras para distribuir las tres letras guturales, habrían echado por el atajo. Pero unos me han dicho que esto provenía de la misma Academia Española en su última ortografía, otros que no tal, sino que sólo proviene de los editores del Diccionario de la Academia que han adoptado el sistema promovido de algunos gramáticos modernos para no atender sino a la pronunciación. Encerrado en este Castillo no he podido apurar la verdad.
Preguntando en fines del siglo pasado a un grande literato español, por qué no se sujetaba a las reglas de la gramática y ortografía de la Academia, me respondió que cuando salieron a luz esas obras, ya habían muerto todos los hombres grandes que había en ella. Yo no quiero decir que ahora tampoco los haya, sino que en el país de las letras no estamos obligados a besar otro cetro que el de la razón, y espero a ver las que los novadores hayan tenido en el asunto. Yo profesé la lengua española en París y Lisboa, he meditado mucho sobre ella, he llegado a fijar su prosodia, y tengo muchas razones que oponer contra esas novedades inútiles, y especialmente contra la extensión que quiere darse a la j tan fea en sus pronunciación como en su figura, tan desconocida de los latinos como de los antiguos españoles, que nos dificultará el aprendizaje del latín y de sus dialectos europeos. En cuanto tenga lugar expondré mis razones.
Como quiera que sea, esta carta se reduce a suplicar por despedida a mis paisanos anahuacenses recusen la supresión de la x en los nombres mexicanos o aztecas que nos quedan de los lugares, y especialmente de México, porque sería acabar de estropearlos. Y es grande lástima, porque todos son significativos, y en su significado topográficos, estadísticos, o históricos.
Los primeros misioneros, para escribir la lengua nahuatl o sonora que llamamos mexicana, se acordaron, según Torquemada, con los indios más sabios creados en el Colegio de Santiago Tlatilolco, y como su pronunciación tiene dos letras hebreas, sade y scin sustituyeron en su escritura por aproximación a la primera tz y a la segunda x suave. Pero como para suavizar ésta aún no estaba adoptado el acento circunflejo sobre la vocal siguiente, y los conquistadores eran en su mayoridad extremeños y andaluces, o árabes en su pronunciación, pronunciaron fuerte todas las x escritas por los misioneros, y llenaron de letras guturales los términos que adoptaron de la lengua mexicana, la cual no admite alguna.
Por eso pronunciaron los españoles México (Méjico), aunque los indios no pronuncian sino México (Mescico) con la letra hebrea scin. Y es un dolor, mexicanos, que italianos, franceses, ingleses y alemanes pronuncien mejor que nosotros el nombre de nuestra patria, pues nadie fuera de nosotros, pronuncia México con letra gutural. En todo caso, paisanos míos, sigamos a escribírlo con x, o para llegar con el tiempo, si la nueva ortografía predomina, a pronunciar como se debe éste y los demás términos mexicanos, o para no echar en olvido enteramente una de nuestras mayores glorias. Si, México con x suave como lo pronuncian los indios significa: donde está o es adorado Cristo, y mexicanos es lo mismo que cristianos.
Desde luego se encuentra la palabra entera Mescicho, como la pronuncian los indios, en el verso 2 del salmo 2 hebreo, donde la Vulgata tradujo Christum eius, su Cristo. Clavigero, con todo, cree que la partícula co de México es la mexicana que significa donde, y haciéndose cargo de las diferentes interpretaciones que se han dado al nombre de México por las palabras metl maguey, o metzi, luna o mes, de que puede estar compuesto, resuelve que el verdadero significado se ha de colegir por la historia mexicana, y según ella lo que debe significar es: donde está o es adorado Mexî, o Mexitl.
¿Y en inteligencia de los mexicanos qué significaba Mexî? La historia también es quien nos lo ha de decir con certeza. Mexî era un hombre-dios, llamado por otros nombres el Señor de la Corona de Espinas Teohuitznáhuac, el Señor del paraíso Teotláloc y otros, al cual concibió por obra del cielo una virgen llamada santa María Malintzin, y lo parió sin lesión de su virginidad hecho ya varón perfecto. Foemina circumdabit virum. Así lo cuenta el padre Torquemada.
Santo Tomé fue quien les dio noticia de hijo y madre, a la cual llamaban también por eso Cilma-cóhuatl la mujer Tomé, y Coatlantona, madre de los Tomés o discípulos de Santo Tomé, que llevaban el pelo cortado en figura de corona sénchon-huitznáhuac, hacían tres votos de pobreza, obediencia y castidad, y servían en el templo del Señor de la Corona de Espinas: huitz-náhuac-teocalli.
A esta virgen celebraban los mexicanos dos fiestas principales. Una el día dos de febrero, día de la purificación de Nuestra Señora, y le presentaban niños como ella presentó el suyo al templo, y habían de ser precisamente comprados: omne primogenitum pretio redimes. Y procuraban fuesen rubios o güeritos en memoria de haberlo sido Santo Tomé quien instituyó las fiestas.
La otra se la hacían en Tepeyácac el día del solsticio hiberno a otro día de Santo Tomás apóstol, y le ofrecían flores e imágenes que hacían de la que allí veneraban con el nombre de Tzenteotinántzin, que quiere decir, madre del verdadero Dios, o Tonántzin nuestra Señora y Madre, porque decían que esta virgen madre de su Dios era madre de todas las gentes del Anáhuac que ahora llamamos Nueva España. Su figura era la de una niña con una túnica blanca ceñida y resplandeciente, a quien por eso llamaban también Chalchihuitlicue, con un manto azul verde-mar, Matlalcueye, tachonado de estrellas Citlacúi.
A su hijo Mexî pintaban los mexicanos con los jeroglíficos correspondientes a los tributos de Hombre-Dios, teniendo en su mano derecha una cruz formada con cinco globos de pluma, así como a su madre también le pintaban sobre el pelo una crucecita. También pintaban a Mexî como nosotros a Cristo pendiente de la cruz, aunque no con clavos sino atado, y así creían, dice Torquemada, que fue crucificado. Circunstancia muy de notar, pues así puntualmente pintan las imágenes de Cristo crucificado los cristianos de Santo Tomé en la India Oriental, porque en aquellos países el tormento de la cruz se da con cordeles. En una palabra: la prueba de que los mexicanos entendían por Mexî ungido Cristo o Mesías, es lo que decían, según Torquemada, en el viaje de los mexicanos; que se llamaron así desde que este su dios les mandó ponerse en las caras cierto ungüento. Eso significa crisma, y es decir desde que fueron crismados, ungidos o cristianos. Y celebraban, dice también Torquemada, la fiesta de Mexî todos ungidos y embijados.
Si alguno extrañare que llamasen a Jesucristo con un nombre hebreo, nosotros también le llamamos Mesías, y Jesús es nombre hebreo aunque precisado, como Cristo es griego, aunque latinizado. Los indios no podían decir Cristo, porque no tiene r su lengua, ni Jesús, porque tampoco tiene j y se acomodaron mejor con el Mexî conforme a su idioma; y sobre todo, siempre ellos preferían los nombres que podían escribir figurando su significado como el de Mexî; fuera de que la lengua hebrea es la lengua litúrgica de los cristianos de Santo Tomé en el oriente, de donde parece vino el cristianismo a los mexicanos: lo cierto es, que según el santo obispo Casas en su Apología de los indios eran bautizados por los sacerdotes Tomés con todas nuestras ceremonias en el nombre de la Trinidad en hebreo: pues los tres nombres que refiere decían en el bautismo, son precisamente los nombres de padre, hijo y espíritu santo en hebreo, aunque él no lo sabía. La fuente en que se bautizaban en México (porque era una verdadera fuente como en la primitiva Iglesia, de donde vino llamarse fuente a la pila bautismal), se llamaba fuente de Santo Tomé Coápan, la cual se descubrió cuando abrieron los cimientos de la catedral, y se queja Torquemada de que la tapasen supersticiosamente, pues era de buena agua.
Los cristianos fugitivos de la persecución de Huemac rey de Tula contra Santo Tomé, que eso quiere decir Quetzal-cóhuatl, el cual pasó a Cholula, se refugiaron en la laguna o lago Anáhuac en una isleta de arena que por eso llamaron Xâltelolco y después Tlatelolco, o isla de tierra. Perseguidos allí y con mil trabajos, aunque siempre protegidos de su dios, fundaron a Tenochtítlan en un montecillo contiguo donde hallaron un tunal, que eso es lo que significa tenochtítlan, y era el mismo montecillo sobre que está situada la catedral. Y llamaron al conjunto de ambos lugares o barrios México, donde está o es adorado Cristo, exigiendo de sus jefes, que al principio quizá fueron sus obispos, se llamasen y reconociesen vicarios y lugartenientes de Santo Tomé, como se llamaban efectivamente, según Torquemada, hasta los emperadores de México cuando los hubo, pues primero fue república, después tuvo reyes, y últimamente emperadores.
Supo esta anécdota Hernán Cortés y se fingió embajador de Santo Tomé. «Mi empeño -escribe a Carlos V- estaba en hacer creer a Moteuhzoma que vuestra magestad era el mismo Santo Tomé, cuyas gentes esperaban». «Si en eso no traéis algún engaño -le dijo Moteuhzorna- y es cierto que ese gran señor que os envía es nuestro señor Santo Tomé (toteotl quetzalcóhuatl), este imperio es suyo y yo haré cuanto mande. En cuanto a la religión que me habéis propuesto, veo que es la misma que nos enseñó y estamos de acuerdo. Nosotros con el transcurso del tiempo, la habremos olvidado o trastornado; tú que vienes ahora de su corte, la tendrás más presente; no tienes más que ir diciendo lo que debemos tener y creer, y nosotros lo iremos practicando». Por lo cual, dice Acosta, que a no haber tenido otro objeto que la religión, se habría establecido sin una gota de sangre. La predicación y profecías de Santo Tomé sobre la venida de gentes de su misma religión y de hacia el oriente que dominarían el país por algún tiempo, son la verdadera clave de la conquista en ambas Américas. Yo la he estudiado bien: y mientras no se asiente esta base, no se escribirán sino absurdos y tonterías.
El templo mayor de México o teo-cal-li (palabra enteramente griega y con la misma significación) se edificó, dice Torquemada, en el barrio del Señor de la Corona de Espinas sobre el sepulcro de San Bartomé, mártir en Tula, discípulo de Santo Tomé, que estuvo muy venerado, dicen Acosta y Torquemada, hasta la conquista. Este es el famoso Cópil, pues quiere decir hijo de Tomé, y eso significa en hebreo Bartomé, cuya cabeza mandada cortar por Huemac fue echada en la laguna en el sitio que desde entonces se llamó Cópilco, donde está Cópil o Bartomé.
En la fábrica y servicio del templo quisieron remedar los mexicanos el templo de Salomón. De ahí vino la famosa columna del de México que dominaba las siete ciudades del lago, o laguna como mal dicen. Así era la columna del templo de Salomón, que según el libro II del Paralipómenon tenía de altura ciento treinta codos sobresaliendo cuarenta de la techumbre.
Cuando dicen, que en la dedicación del templo de México se sacrificaron veintidós mil víctimas humanas, es equivocación con los veintidós mil bueyes que inmoló Salomón según la Escritura en la dedicación del templo de Jerusalén. Y es para admirar, que se crea a la letra por ser en disfavor de los indios un absurdo tamaño como el degüello pacífico de una ciudad o ejército de veintidós mil hombres para dedicar un templo, cuando nadie cree a la letra el viaje famoso de los mexicanos, que duró cuarenta años, y que no es más que una copia literal del de los israelitas por el desierto con las mismas mansiones y prodigios. Los indios tenían en su poder (como dieron testimonio por escrito los misioneros en Veracruz al célebre fray Gregorio García) toda la Biblia en imágenes y figuras jeroglíficas, las confundieron con el tiempo, se aplicaron las historias de la Escritura, y trastornaron su propia historia y su religión.
¿Qué era la religión de los mexicanos sino un cristianismo trastornado por el tiempo, y la naturaleza equívoca de los jeroglíficos? Yo he hecho un grande estudio de su mitología y en su fondo se reduce a Dios, Jesucristo, su Madre, Santo Tomé, sus siete discípulos llamados los siete Tomés chicomecohuatl y los mártires que murieron en la persecución de Huemac. Los españoles, porque no la conocían en otra lengua y liturgia, y se habían introducido abusos enormes, destruían la misma religión que profesaban, y reponían las mismas imágenes, que quemaban porque estaban bajo diferentes símbolos. ¡Qué inmensidad de cosas tengo sobre esto que decir!
Si éstos eran los errores, blasfemias, impiedades, que el caballo Bruno dijo en el edicto ruidoso del señor Haro haber hallado en mi sermón de Guadalupe, no me admiro, porque los necios blasfeman todo lo que ignoran. Pero no los creyó tales la Real Academia de la Historia en el detenido examen que de orden del Consejo de Indias hizo de mi sermón. Y lejos de condenarlo pidió, que el edicto del arzobispo, indigno de un prelado, fuese recogido como un libelo infamatorio y fanático. Me ratifico en todo lo dicho: actualmente estaba escribiendo sobre eso cuando salí de la Inquisición, y bastante había ya impreso de ello en una disertacioncilla al fin del segundo tomo de la Historia de la revolución de Nueva España, que di a luz en Londres en dos tomos en cuarto.
Por si mis perseguidores dieren fin a mi vida en las prisiones, o así como no dejan correr, porque les amargan las verdades, la dicha Historia de la revolución; sepultaren todo lo que escribí en la Inquisición sobre estas antiguallas gloriosísimas de nuestra patria, pondré aquí dos noticias curiosas, para que en tales investigaciones sirvan de guía a otros anticuarios.
Entre las Memorias en un tomo folio publicadas por el Instituto Nacional de Francia, hallarán una sobre la existencia de una isla desconocida entre nuestra América y la China, cuyo autor no recuerdo. Yo traía sobre esto apuntes, que con otros muchos documentos y mis obras mismas trabajadas, eché en el río de Soto-la-Marina, no fuese que Arredondo tomase de ellas pretexto para satisfacer su deseo de despacharme de este mundo. Pero ciertamente el autor de la Memoria citada había estudiado en Pekín mismo la geografía en los libros y mapas de los chinos, y en ellos vio cómo en los siglos primeros del cristianismo tenían comercio con ambas Américas. Refiere los nombres que les daban, demarca el derrotero que traían, y cuenta cómo en 1450 volvió un religioso de los que habían pasado a nuestra América, contando los grandes progresos que en ella había hecho la religión de Foe. Como es muy parecida al cristianismo puede ser la equivocasen con él. El calendario mexicano es casi idéntico al de los tártaros chineses, la lengua mexicana, está llena de palabras chinas, y en Campeche llamaban a Santo Tomé Chilan-cambal, que en lengua chinesa quiere decir Santo Tomás.
Hallarán también mis paisanos en la Geografía eruditísima de Maltebrun, que se estaba imprimiendo en París el año 1814, pruebas evidentes, de que desde el siglo X hubo en nuestra América colonias (y se saben sus nombres) de dinamarqueses o normandos, irlandeses y escoceses. Léase sobre esto el Mitrídates, obra alemana muy curiosa. Torquemada dice que es constante que cuatro generaciones antes de la conquista ya se tenía en nuestra América claro conocimiento de la religión cristiana y de la venida futura de los españoles. A esa época parece pertenecen los cuatro célebres profetas de Yucatán, cuyas notables profecías refiere Montemayor.
Veytia dice consta de los manuscritos mexicanos recogidos por Boturini, que hubo dos predicadores del Evangelio en el Anáhuac: uno muy antiguo que vino doce años después de un grande eclipse que él y Boturini calculan ser el de la muerte de Cristo, y otro hacia el siglo VI. Él cree que fuese el primero Santo Tomás apóstol y ese mismo el célebre Quetzalcóhuatl de los indios. De esa misma opinión fue don Carlos de Sigüenza en su Fénix del Occidente el Apóstol Santo Tomé; un jesuita mexicano que escribió en Manila la Historia del verdadero Quetzalcóhuatl el apóstol Santo Tomé, y otros graves autores extranjeros, españoles y americanos.
En mi larga Apología, que comenzando desde mi sermón de Guadalupe en 1794 escribí en la Inquisición, desenvolví los graves fundamentos que hay para creer que el predicador de hacia el siglo VI fue el santo obispo abad de Irlanda San Brendano, vulgarmente llamado San Borondón. Su famoso viaje en el siglo VI a una isla desconocida, donde con siete discípulos suyos ordenados de obispos fundó siete iglesias, puede ser fabuloso en las circunstancias, que en lo remoto y raro siempre se añaden maravillosas; pero eso no prueba que no sea verdadero en el fondo el viaje mismo. Puntualmente en el siglo VI pone Torquemada el desembarco de Quetzalcóhuatl en Pánuco con siete discípulos venerados después en México como santos y cree fueron todos irlandeses, porque eran rubios, blancos, ojos azules y las caras rayadas de azul, como en aquellos siglos las tenían los irlandeses. Sin embargo es menester, que uno de los dos predicadores haya sido oriental, porque yo encuentro entre los mexicanos toda la liturgia, vestuarios, costumbres y disciplina de las Iglesias orientales. Mucho escribí sobre esto en la Inquisición y aún mucho más me queda por decir.
Ya se supone que los enemigos de las glorias de nuestra patria han de llamar todo esto fábulas, delirios y hasta blasfemias e impiedades; y si me cogieran a mano, ayudados de la cauda de aduladores ex omni gente et populo, recomenzarían la persecución que por eso mismo me suscitó el arzobispo Haro desde el año 1794. Pero sepan mis paisanos que le puse pleito ante el Concejo de Indias, que se lo gané, que se le mandó reprender, multar, recoger su edicto, restituirme a la patria con todo honor a expensas del erario, reinstalarme en todos mis honores y bienes, e indemnizarme a costa de mis perseguidores de todos mis perjuicios y padecimientos. Ya contaré todo por extenso en mi Manifiesto apologético, que estoy concluyendo para la prensa.
Mendoza Codex depicting the mexican coat of arms

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Mis paisanos dejen de ladrar, e instrúyanse. El Fénix del Occidente de Sigüenza se perdió, pero la Historia del verdadero Quetzalcóhuatl que cité, existe en México. Veo por las gacetas que se están imprimiendo las Antigüedades de Veytia. Bastante bueno trae sobre Santo Tomé, aunque es lástima dice Gama, que errase la explicación del calendario mexicano, y esté todo lleno de equivocaciones groseras. Gama, según carta suya que vi en Roma, se había aplicado a escribir la historia antigua mexicana. Y este caballero reunía al juicio y la crítica todos los conocimientos necesarios para una obra completa. En fin, lean a fray Gregorio García, Predicación del Evangelio en el Nuevo mundo viviendo los apóstoles, impreso en Baeza. Y a fray Antonio Calancha, Crónica de San Agustín del Perú, que ocupa todo el libro II en probar la predicación de Santo Tomás en América. Allí verán citados otros muchos autores. Los deístas mismos confiesan hoy que es indubitable la antigua predicación del Evangelio en la América.
Extracto de Crónica de San Agustín del Perú:

e parece que azemos quarto voto de descuydo, dejando sin registro mil glorias pasadas i sin archivo millares de onras futuras. Si el otro en Roma nos pintó mirando al ratón que nos roía la cinta dejándosela roer, ya nos pudieran pintar echos ratones que se la ayudamos a gastar, sobran grandezas de la Religión, i faltan memorias a los Religiosos. Quantas vezes oygo vituperar los descuydos de nuestros antepasados en dejar al olvido las letras, famas, vidas i privilegios de los Religiosos que nos fundaran, de quienes nuestros Conventos oy no saben, i caemos en el mesmo delito que acusamos: In quo alium iudícas, te Ipsum condemnos. Triste cosa, que el castigo que da Dios a los mundanos de que perezcan sus glorias con las vidas, les dan nuestros olvidos a tan loables Religiosos, que fundando unos este Reyno, i otros nuestra observancia, i todos nuevas onras, parece que acabaron con su muerte con sólo el premio de estar escritos en el libro de la vida, i aunque esto les bastava, a nosotros nos faltan sus virtudes, que para egenplares de nuestros institutos, los quiere Dios escritos en anales, porque seamos lo que fueron, i subamos a lo que son: Possumus esse quo sunt, si faciamus ipsi, quod faciunt, dijo san Juan Crisóstomo en un sermón elegante de Mártires, í aunque tiene por mejor, o imitar al santo que se alaba, o no alabar al santo que no se imita; Quare aut imitare debet, si laudat, aut laudare non debet, sí imitare detractat. Con todo eso tiene pasos andados para imitar, el que se reduze a escrivir, pues el tienpo que en sus alabanças se gasta, todo se enplea estando en ellos el motivo, i en nosotros el interés, i quando no aya otro que onre el ábito con sus echos, queda la mano llena de loables medras. I si llama el Espíritu Santo, erencia de ijos, las onrosas virtudes de los padres, i dice, que ijos i nietos virtuosos son riqueza que eredan en testamento los progrenitores: Cum semina eorum permanent bona, hereditas sancta nepotes eorum, in testamentis stetit semen eorum: ¿quál erencia se queda sin inventarios? i más quando nuestros padres espirituales nos an dejado tan calificadas onras en erencia, gozando los mayorazgos de sus famas, de que cobramo

Referencias

↑ Teresa de Mier, Fray Servando (1821): “Carta de despedida a los mexicanos”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

↑ Real Academia Española (2005). «México». Diccionario Panhispánico de Dudas.

Tibón, Gutierre (1980 2a edición), Historia del nombre y de la fundación de México, México: Fondo de Cultura Económica, págs. 97-141. ISBN: 9681602951 9789681602956

↑ “Para que clara y manifiestamente se vea, quiero que se consideren los ritos, las idolatrías y supersticiones que tenían: el ir a sacrificar en los montes, debajo de los árboles sombríos, a las cuevas y cavernas de la tierra; el encender y quemar incienso (…) ¡Toda ceremonia judaica de aquellas diez tribus de Israel! (…) Y lo que más me fuerza a creer que estos indios son de línea hebrea es la extraña pertinacia que tienen en no desarraigar de sí estas idolatrías y supersticiones yendo y viniendo a ellas como se ve de sus antepasados…” Durán, Diego (1581/1967), Historia de las Indias de la Nueva España, México:Porrúa, II, 24.

↑ “Nótese que el nombre de Mesi, que es realmente hebreo, se aplica maravillosamente al jefe de los mexicanos”. García, Gregorio (1607/2005), Origen de los indios del Nuevo Mundo e Indias Occidentales, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN: 8400083202 9788400083205

↑ “Con razón se debe preciar más este nombre México, de donde ha salido la redención de tantas almas, donde tanto se ha ensalzado el nombre de Cristo, nuestro Redentor y Mesías; porque, como dice el R. P. Fr. Martín del Castillo en la explicación del acto capitular que tuvo en Toledo, impresa el año de 1657, México en hebreo, caldeo y sirio, es lo mismo que de mi Mesías (Mexico hebraice, chaldaice, siriace et punice mesiae mei nomen et S. genus meum); y si el Mesías le dio el nombre como de su linaje -genus meum- honrado a México con el apellido de su real persona, mesiazgo fue por feliz pronóstico de los que en él se había de enlazar la verdadera religión del Mesías; y así, viene a ser éste su más honroso título”. Vetancurt, Agustín de (1698/1971 ed. facsimilar), Teatro mexicano; descripción breve de los sucesos ejemplares, históricos y religiosos del Nuevo Mundo de las Indias. Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México. Menologio franciscano de los varones más señalados, que con sus vidas ejemplares, perfección religiosa, ciencia, predicación evangélica en su vida, ilustraron la Provincia del Santo Evangelio de México, México: Editorial Porrúa. OCLC: 664068.

↑ “En los idiomas hebreos, caldeo y sirio es lo mismo México que Mesías, y el propio Mesías le dio el nombre: y éste es su más honorífico título (…) y venturoso pronóstico, ya que en la voz hacía eco a la verdadera religión de Cristo, prometido Mesías a uno y otro mundo, y a México aún con el apellido de su real persona y mesiazgo”. Beaumont, Pablo de la Purísima Concepción (1855/1985-1987). Crónica de Michoacán, Morelia, México: Balsal Editores. OCLC: 28172840.

Duviols, Pierre (1977), La destrucción de las religiones andinas: conquista y colonia, México: UNAM, págs. 56-63. OCLC: 5632488

↑ “¿Y Mexî, pregunto yo, qué significa? Pronunciado como lo pronuncian los indios es una palabra hebrea, que significa lo que tomándolo del latín unctus llamamos ungido, tomándolo del griego Chrestous llamamos Cristo, y tomándolo del hebreo Mesci llamamos Mesías”. Teresa de Mier, Fray Servando (1821), Carta de despedida a los mexicanos.

↑ “Es el primer cambio de nombre. Huitzilopochtli, por llevar la misma señal, se decía Mexitli, dando a entender ungido; así los mexi, en plural también mexitin, significan ungidos, señalados, dedicados o pertenecientes a Mexitli”. Orozco y Berra, Manuel (1954 2a edición), Historia antigua y de las culturas aborígenes de México, México: Ediciones Fuente Cultural, págs. 11 y 35. OCLC: 1580345

↑ “Ocite, aquel caballero que fue a las tierras de Michoacán con su familia, de donde se deriva el llamarse los de esta familia Meciti; y después conociéndose el vocablo, les llamaron Mexiti que es el nombre que a la presente tienen”. Alva Ixtlilxóchitl, Fernando de (1965), Obras históricas de don Fernando de Alva Ixtlilxochitl publicadas y anotadas por Alfredo Chavero, México: Editora Nacional. OCLC: 6414312.

↑ Tibón, Gutierre (1980 2a edición). Historia del nombre y de la fundación de México, México: Fondo de Cultura Económica, págs. 106-108. ISBN: 9681602951 9789681602956.

↑ “y que [los mexicanos] son de ellos [de Aztlán]; otros opinan que no: sino de cierto pueblo no lejos que se decía Mixithl de donde tomaron el nombre de mixiti (…); ni tampoco ahora se llaman ya mexiti, denominado del dicho pueblo Méxitl, sino mexicatl a uno, en plural a muchos mexica, nombre denominado de México”. “Historia de los mexicanos por sus pinturas”, en Garibay, Ángel María (1979), Teogonía e historia de los mexicanos. Ed. Porrúa.

↑ “Este nombre mexícatl se decía antiguamente mecitli, componiéndose de me, que es metl por el maguey, y de citli por la liebre, y así se había de decir mecícatl; y mudándose la c en x corrómpese y dícese mexícatl. Y la causa del nombre según lo cuentan los viejos es que cuando vinieron los mexicanos a estas partes traían un caudillo y señor que se llamaba Mécitl, al cual luego después que nació le llamaron citli, liebre; y porque en lugar de cuna lo criaron en una penca grande de un maguey, de allí adelante llamóse mecitli, como quien dice, hombre criado en aquella penca del maguey; y cuando ya era hombre fue sacerdote de ídolos, que hablaba personalmente con el demonio, por lo cual era tenido en mucho y muy respetado y obedecido de sus vasallos, los cuales tomando su nombre de su sacerdote se llamaron mexica, o mexícac, según lo cuentan los antiguos”. Sahagún, Bernardino de (1975), Historia General de las Cosas de Nueva España, México: Porrúa, pág. 610.

↑ “Y es de notar que este nombre, Mexico, del cual se deriva mexicano, es corrompido, porque debería decir Mecitli, que significa «indumento de piel de liebre»; y éste es de origen de esta ciudad y de toda esta gente pintada allí abajo”. Códice Vaticano Ríos, en Antigüedades de México III.

↑ Paso y Troncoso, Francisco del (1903), Leyenda de los Soles, Florencia.

↑ a b Tibón, Gutierre (1980 2a edición), Historia del nombre y de la fundación de México, México: Fondo de Cultura Económica, pág. 112. ISBN: 9681602951 9789681602956

Motolinía, Toribio de (1907), Memoriales, México: Imprenta Ignacio Escalante.

↑ Torquemada, Juan de (1723/1943 ed. facsimilar), Monarquía Indiana I, México: Ed. Chávez Hayhoe, pág. 293.

↑ Acosta, José de (1965), Historia natural y moral de las Indias, México: Fondo de Cultura Económica.

↑ Durán, Diego (1581/1967), Historia de las Indias de la Nueva España, México: Porrúa, pág. 28.

↑ “Hay mucha variedad en los autores sobre la etimología del nombre de México. Unos quieren que sea meztli, luna, porque vieron los mexicanos representada la luna en las aguas del lago. Otros de mexizquilitl, nombre de una hierba palustre de que se alimentaban los mexicanos en tiempo de su miseria. Otros dicen que México significa manantial por haber hallado uno de muy buena agua en el sitio de la ciudad. Yo creí en algún tiempo que el nombre fuese México, que es decir en el centro de los magueyes; pero después me desengañé con el estudio de la historia, y hoy no tengo duda que México es lo mismo que el lugar del dios Mexitli o Huitzilopochyli, que es el Marte de los mexicanos por causa del santuario que allí le fabricaron; de suerte que México equivale al Fanum Martis de los romanos. Los mexicanos quitan en la composición de los nombres de esta especie de sílaba final tli; el co añadido equivale a nuestra preposición en. Mexicaltzingo significa «el lugar o templo del dios, Mexitli», y así significan en sustancia lo mismo Huitzilopochtli, Mexicaltzingo y México, nombre de los tres lugares que sucesivamente habitaron los mexicanos”. Clavijero, Francisco Javier (1964), Historia Antigua de México, México: Porrúa, nota 35 en la pág. 100.

↑ Tibón, Gutierre (1980 2a edición). Historia del nombre y de la fundación de México, México: Fondo de Cultura Económica, págs. 225-235. ISBN: 9681602951 9789681602956.

↑ “Tenochtitlan es la ciudad fundada en el centro del Metztliapan, que rememora aquel otro lago que rodeaba la isla de Aztlan. (…) Allí estaba la isla que se llama México (…) de metztli (luna), xictli (ombligo, centro) y co (lugar), dando en su composición “en el centro de la luna”, por “el centro del lago de la luna”, que es como se llamaba el gran lago de México”. Caso, Alfonso (1946), “El águila y el nopal”, en Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, tomo V, No. 2, México, pág. 99. La misma tesis en (1952), El ombligo de la luna, México: INAH, págs. 74-75

↑ F. Karttunen, An Analitycal Dictionary of Nahuatl, University of Texas, Austin, 1983, ISBN 0-8061-2421-0.

↑ Por primera vez en el Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, el año 1518, en la que fue por Comandante y Capitán General Juan de Grijalva.: “Después del viaje referido escribe el capitán de la armada al Rey Católico, que ha descubierto otra isla llamada Ulúa, en la que han hallado gentes que andan vestidas de ropas de algodón; que tienen harta policía, habitan en casas de piedra, y tienen sus leyes y ordenanzas, y lugares públicos diputados a la administración de justicia”.

↑ Por primera vez en la Carta de Relación embiada a su Sacra Magestad de el Emperador nuestro Señor, por el Capitán General de la Nueva-España, llamado D. Fernando Cortés, más conocida como Segunda Carta de Relación: “débese decir de la manera de Mexico, que es donde esta ciudad y algunas de las otras que he hecho relación están fundadas, y donde está el principal señorío de este Mutezuma. La cual dicha provincia es redonda y está toda cercada de muy altas y ásperas sierras, y lo llano de ella tendrá en torno hasta setenta leguas, y en el dicho llano hay dos lagunas que casi lo ocupan todo, porque tienen canoas en torno más de cincuenta leguas” [1].

↑ *López de Gómara, Francisco (1552) | (2006) “Historia de la Conquista de México” Prólogo y estudio preliminar de Miralles Ostos, Juan; ed.Porrúa capítulo LXXVIII ISBN 970-07-7021-4 fragmento: Tenuchtitlan significa fruta de piedra, esta compuesto de tetl que es piedra, y de nuchtli que es la fruta que en Cuba y Haití llaman tunas. El árbol, o más propiamente cardo, que lleva esta fruta nuchtli se llama entre los indios de Culúa mexicanos, nopal….también dicen algunos que tuvo esta ciudad nombre de su primer fundadr que fue Tenuch, segundo hijo de Iztacmixcoatl, cuyos descendientes poblaron la tierra de Anáhuac. El sitio se llama Tenuchtitlan y a los naturales tenuchca….México, no es toda la ciudad, sino la media y un barrio, aunque bien suelen decir los indios México-Tenuchtitlan todo junto. Y creo que lo intitulan así en las provisiones reales. Quiere México decir manadero o fuente, según la propiedad del vocablo y lengua; y así, dicen que hay alrededor de él muchas fuentecillas y ojos de agua, de donde le nombraron los que primero poblaron. También afirman otros que se llama México de los primeros fundadores, que se dijeron mejiti, que tomaron nombre de su principal dios e ídolo, dicho Mejitli, que es el mesmo que Vitcilopuchtli.

Díaz del Castillo, Bernal (1566) “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” texto en la web Cervantes Virtual

↑ “Por lo que yo he visto y comprendido cerca de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace, y en otras muchas cosas que la equiparan a ella, me pareció que el más conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse la Nueva España del mar Océano; y así, en nombre de vuestra majestad se le puso aqueste nombre. Humildemente suplico a vuestra alteza lo tenga por bien y mande que se nombre así”[2]. Carta de Relación embiada a su Sacra Magestad de el Emperador nuestro Señor, por el Capitán General de la Nueva-España, llamado D. Fernando Cortés.

↑ INEG (2008): Gabino Barreda (Puebla), en el Registro de Nombres Geográficos, consultado el 11 de septiembre de 2008; INEG (2008): “Gabino Barreda (Puebla)”, en el Archivo Histórico de Localidades, consultado el 11 de septiembre de 2008.

↑ a b León Portilla, Miguel. «Toponimia e identidad». Arqueología mexicana (México: Raíces) XVII (100):  pp. 28-35. Consultado el 19 de noviembre de 2009.

Sigue Leyendo en las memorias de Fray Servando Teresa de Mier

Lugares consultados;

http://es.wikipedia.org/wiki/Toponimia_de_México

Lenguas de México – Wikipedia, la enciclopedia libre

La “X” en la frente: textos sobre México – Google Libros

Nuestra Diosa Tonantzin – Guadalupe Octava parte – CLASICKO Blog

EL RETORNO A LO SAGRADO, por Santiago Pando

mi profil (algo te mi) « La historia de una América antigua

http://www.scribd.com/doc/21565168/Antonio-de-la-Calancha-Cronica-moralizada-del-Orden-de-San-Agustin-en-el-Peru

http://books.google.com.mx/books?id=MJQsadT0F8IC&printsec=frontcover&dq=Origen+de+los+Indios+de+el+nuevo+mundo&source=bl&ots=iiW6Nd5quM&sig=Ay6vupqdXVIWAqLSoPYObCrLWqk&hl=es&ei=JuaJTNGzIo6WsgOFuPnCBA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=7&ved=0CC4Q6AEwBg#v=onepage&q&f=false

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